domingo, 12 de diciembre de 2010

La Marcha


La marcha pasó frente a ella, por un segundo sintió la garganta hincharse,  dentro de su esófago la gente empujaba por salir, llegaban hasta sus ojos y una lágrima quedaba suspendida en el tiempo. Deseaba dejarse arrastrar por  la multitud gritar con ellos “liberen al Tibet” o “liberen a Willy” no le importaba cual era el motivo de la protesta  la seducía el movimiento constante hacia adelante, las arengas que se hacían verdad irrefutable al ser pronunciadas por miles de persona y el calor humano que se convertía en energía que solo frenaba hasta llegar a una plaza, entendió por primera vez la metáfora”un rio de gente”  y las plazas cobraron un nuevo sentido para ella. Se dejó arrastrar rio abajo, era un tronco o un pedazo de madera que se lleva la corriente sin voluntad sobre su ser. 

La marcha parece una pieza de museo o una performance de un artista melancólico para recordarnos antiguas formas de protesta, en todo caso una acto anacrónico, ella que siente que su tiempo fue otro marcha ahora hacia una plaza, es la primera vez que participa en una manifestación pero su cuerpo responde acertadamente a los movimientos, al acercarse al centro corren, la velocidad aumenta, arrasan con todo a su paso es el último esfuerzo, los gritos se hacen  más fuertes, otra vez siente la multitud atorada en su garganta pero esta vez un par de lágrimas salen de sus ojos. El rio de gente se derrama sobre la plaza, se pierden rápidamente por las calles cercanas, no quieren verse a la cara, dudan del sentido de su acto contestatario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario